Este sitio alojará variadas manifestaciones del arte,tanto mías como de otros autores de distintos géneros (Si cuento con su permiso),pintura,música...por ahora y para empezar,un cuento mío escrito en Cahuita,Limón,Costa Rica.
LA MÚCURA
De Eduardo Zúñiga
Isaías oyó las campanas de la iglesia de Tabarcia…Entonces se imaginó al sacristán en el déle que déle a las cuerdas…Daban primera y en un instante su madre vendría a sacarle las cobijas. Más valía que hiciera algo para deshacerse de esa molesta erección. Su madre vendría y le arrancaría las cobijas de un solo jalón…
Doce años…tenía doce años y la primera vez que recordaba haber sentido un extraño cosquilleo entre sus piernas fue el día que la maestra Ernestina se vistió para bailar en el escenario un “can can”,… ¡Cómo giraban esas enaguas en el aire, cómo serpenteaban los vuelos del improvisado traje parisino ¡ ¡Y él, vestido de Rey Herodes para el siguiente número,oculto tras bambalinas,sentado en el suelo, pudo por primera vez mirar más arriba de las rodillas de Ernestina…muy arriba, casi el lugar, donde según decía Don Teobaldo empezaba el cha cha cha…
Dieron segunda y efectivamente, su madre apareció por la puertecilla del rancho y de un tirón lo descubrió. Apenas pudo voltearse para que no mirara lo que sus pensamientos habían endurecido hasta el límite del pellejo…
Un rato después se lavaba la cara, se ponía sus pantalones cortos y apresuraba el paso para cubrir el sendero de lastre que le separaba de la Iglesia. Debía pedirle a Dios por las úlceras de doña Rogelia, su madre, quien no asistía al ritual debido al padecimiento… Miró a su paso los cafetales que se encorvaban y desmayaban del gran esfuerzo por soportar la cosecha,miró los tijos tempraneros dándose un banquete de garrapatas en el lomo de las vacas…y el río, ese río incansable…
Escuchó otra vez las campanas…iba a llegar tarde. Para acortar camino se metió por el cafetal y de pronto, se dio cuenta que caminaba despacio y que una fuerza que no podía dominar lo acercaba a la casa de esa mujer que le decían La Múcura…
Había escuchado hablar de ella y cada vez que la recordaba sentía miedo y curiosidad… ¿Cómo sería conversar con una mujercilla que el padre no deja entrar a la iglesia? ¿Cómo sería estar frente a frente de una puta?
Y de pronto, ahí estaba, parado de cara a su puerta, solo, sostenido por unas piernas que sentía como de paja, quebradizas,frágiles,lombríceas…
¿Qué hago aquí?, pensó de pronto y cuando intentó darse vuelta, ahí estaba…estaba frente a La Múcura.
-Qué se te ofrece?
-Nada…yo…nada.
-Pase.
-No. Yo…
-No tenga miedo.Yo no muerdo.
-Yo iba para…
-¿Es la primera vez? En solo ver. Venga pa acá.
Entonces sintió que unos brazos pequeños lo levantaron por los aires y lo redujeron en un camón de bambú…
-Esto es pa que sepa lo que es bueno…
-Tengo que irme.
-Esto pa que la goce.
-Señora…
-Y esto pa que se haga hombre…
No se dio cuenta que en ese momento, bajo la cama,hacendosa, una gallina anidaba , que en los tinamastes de la cocina gorgoreaba el caldo moviendo frenéticamente los guineos negros del desayuno, que el padre en la Iglesia, empinaba la copa para sorber el vino y se limpiaba la boca con una blanquísima servilleta…No se dio cuenta de nada. Solo supo que una tinaja de carne lo arrastraba en un remolino de dedos y de babas…
-No tengo plata, señora, solo esto que me dieron para echar en el platillo.
-Dale al cura lo que es del cura. Cuando seás grande te cobro. La primera es gratis.
-Dios se lo pague.
-Ja,jaa.
Cuando llegó a la plaza,ya la misa había concluído.Miró las gradas frontales,las subió con firmeza y entró a la iglesia. Puso una moneda a los pies de San Francisco de Asís. Subió la mirada y descubrió que el santo le sonreía.Correspondió con un guiño y solo atinó a decir : “Ahí te dejo esa platilla,pero no digás nada”
Afuera ya las atronadoras bombetas inundaban el cielo y la gente,que llegaba al turno, parecía ignorar su felicidad.
miércoles, 31 de diciembre de 2008
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